Miércoles 21 de Enero de 2015

Lo que China nos ofrece

Asimetría en el comercio e inversiones

(Columna de Facundo Matos)

La firma de una serie de convenios de cooperación económica con China y el anuncio del viaje que emprenderá Cristina Fernández hacia tierras asiáticas pusieron en primer plano la relación bilateral con el Gigante de Oriente. En 2014, el saldo del intercambio entre ambos países alcanzó un déficit récord para Argentina, lo que plantea una serie de interrogantes. ¿Qué beneficios trae la creciente inserción de China en América Latina? ¿Qué riesgos supone? ¿Es posible una vinculación diferente?

Hablar de China como un mercado emergente es un anacronismo. El líder de Oriente se ha convertido en los últimos años en la segunda potencia económica detrás de Estados Unidos, a cuyo PIB –medido por paridad de poder adquisitivo– podría superar este año, según el Banco Mundial y el FMI. Es el principal prestamista de la Reserva Federal estadounidense, el primer productor mundial de manufacturas, el tercer emisor de flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) y el máximo consumidor de energía eléctrica y segundo de petróleo, además de uno de los actores de mayor peso en la geopolítica mundial.

Los convenios bilaterales aprobados por el Senado en su última sesión de 2014 todavía esperan el aval de la Cámara Baja. Empero, ante su segura sanción definitiva, ya desperataron el rechazo de buena parte del sector industrial. Sin embargo, una mirada más global de estos acuerdos denota que “tienen lugar en un contexto de creciente vinculación de China con América Latina, que se puso de relieve en la reunión que tuvo lugar en Pekín entre los países de la Celac y el gobierno de la República Popular”, como señaló a El Economista el analista internacional Jorge Castro. “Se trata de un fenómeno de alcance global, las que cambiaron fueron las condiciones mundiales”, sostiene. En ese contexto, el comercio bilateral ha aumentado significativamente en los últimos años, con consecuencias diversas.

Asimetría en el comercio

En 2014, la relación entre Argentina y China dejó un déficit de US$ 6.300 millones para Argentina, según estimaciones de Abeceb. com. El dato confirma una tendencia negativa que se registra desde 2008, primer año en que el saldo se volvió deficitario, y muestra que la brecha entre exportaciones e importaciones al país asiático se multiplicó por nueve en los últimos años. Pero el mismo escenario se replica en la mayoría de los países, especialmente en los de la región. “En todo América Latina se ha visto una primarización de las exportaciones, tanto por los precios récord en los últimos años de los productos primarios, como por el aumento de la producción, especialmente en el sector agroindustrial por la incorporación de tecnología al proceso de producción”, explica un informe elaborado por Cippec.

Uno de los mayores interrogantes es si existe un peligro de primarización de la economía argentina a causa de la relación sinoargentina. Es así para Ariel Slipak, especialista en la relación bilateral. “Lo que caracteriza a la política exterior china es el pragmatismo y lo que la guía es abastecerse de productos extractivos primarios: petróleo, soja, carnes, cobre, mineral de hierro. Con esta premisa se caracterizaron primero sus relaciones con Africa y después con América Latina”, explicaba en una entrevista que concedió hace algunos meses a El Economista. Efectivamente, el 95% de las exportaciones argentinas hacia China corresponden a bienes primarios y manufacturas de origen agropecuario (principalmente soja, aceites y crudo de petróleo), mientras que el 100% de las importaciones son de origen industrial, según datos del Indec y la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA). Una asimetría similar se ve en Brasil y otros países de la región.

José Rousseaux, economista y director de CBN Trade, consultora especializada en negocios con foco en China, cree que una relación distinta es posible. “Eso va a depender de Argentina. La exportación de bienes primarios está asegurada por las ventajas comparativas pero lo que hace a productos más elaborados va a depender de Argentina en la medida en que pueda competir en el mercado internacional”, asegura ante la consulta de El Economista. No obstante, los resultados comerciales de China durante 2014, divulgados este 13 de enero por la Administración Nacional de Aduanas del país asiático, arrojaron un superávit récord gracias a que las exportaciones chinas siguieron en alza mientras las importaciones se estancaron, lo que muestra las dificultades que tienen los productos extranjeros para penetrar en el mercado chino.

Inversiones, el lado positivo

Por su parte, Jorge Castro advierte sobre otro costado de las relaciones bilaterales: los resultados sobre la inversión. Durante el foro China-Celac, el presidente chino Xi Jinping estimó que el comercio de su país con América Latina se duplicará en los próximos 10 años (de US$ 250.000 a US$ 500.000 millones) y que la inversión directa del gobierno y las empresas chinas sumará US$ 250.000 millones en la próxima década. Esto significaría una inversión anual de US$ 25.000 millones, mientras que en la última década apenas alcanzó los US$ 10.000 millones por año. “Teniendo en cuenta que los principales receptores de las inversiones son Argentina y Brasil, las dos potencias industriales de la región, de esos US$ 250.000 millones, una parte significativa será inversión industrial”, sostiene Castro. En los hechos, el nuevo escenario se tradujo ya en un mayor flujo de capitales chinos hacia la Argentina a través de inversiones (como en el caso de las represas Cepernic y Néstor Kirchner en Santa Cruz, o la renovación del Belgrano Cargas) o con operaciones financieras (como el reciente swap de monedas).

Como señala Jorge Castro, la inserción de China en América Latina “será sostenida y acentuada en el tiempo”, lo que no debería sorprender dada la magnitud de la potencia oriental en la economía global, ni la voluntad de Brasil de encabezar desde la presidencia pro tempore del Mercosur la apertura de América Latina hacia mercados extrarregionales.

En ese sentido, un aspecto que ya es seguido de cerca por los analistas es el efecto no buscado que podría tener la inserción de China en el mercado latinoamericano sobre el comercio intrarregional. En los últimos años, el Gigante asiático comenzó a desplazar a Argentina como proveedor de manufacturas industriales a Brasil y lo mismo sucede con las compras argentinas al país vecino. A su vez, ambos países pierden posiciones frente a China en los mercados de Uruguay, Paraguay, Chile y Bolivia. De todos modos, independientemente de la asimetría y los riesgos de primarización que supone la relación, la irrupción de China como gran demandante de alimentos y materias primas elevó significativamente el valor de los commodities que Argentina exporta, lo que le ha permitido al país gozar de un elevado superávit comercial en la última década.

Fuente:
El Economista
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